Dark Reed |
Pienso demasiado. Necesito televisión... |
||
|
Acá sigo, no me he muerto (lástima), sigo vivo (quién sabe por cuanto), y medianamente felíz (por eso ya no escribo). La vida me absorbe. Soy voluntario en una página, y como co-administrador, editor, traductor, moderador, semi-programador, creativo y un largo etcétera, me consume mucho tiempo. La vida me absorbe. Me absorbe la vida. Deliciosas permutaciones que resultan tan divertidas, tan útiles, tan declarativas. Tan ciertas. Gracias a ellas he logrado algunos de mis mejores pensamientos, o frases, o una iluminación mental que me hace reírme de la gente común,ciega, absorbida su vida por el mundo que la rodea. Y es que lo raro es tener un minuto para estar realmente sólo, dormir bajo un techo endeble, mientras alrededor de tu cama improvisada, o camastro, o el humilde suelo, los rayos de una tormenta eléctrica suenan como pasos de gigante sobre tu cabeza. Anoche tuve una experiencia similar. Un rayo destruyó un aparato que suministra electricidad a mi casa, y durante dos horas no tuve nada más que hacer que oír la tempestad rugir sobre el porche de mi casa, maravillarme de la lluvia, observar el fuego azul de los relámpagos, y en varias ocasiones asustarme con los rayos que caían a treinta o cuarenta metros, en un pararrayos cercano. El sueño me venció entonces, trayendo una bella inconsciencia, acunada por las vibraciones de las descargas cercanas, arrullado por el murmullo suave y fresco de la lluvia en las baldosas del patio. Así es como he venido a darme cuenta de lo que pierdo cuando mi "vida" me absorbe la vida. De niño, en la escuela todos me traían de su puerquito. Por eso crecí hasta convertirme en un verdadero cerdo He encontrado, buscando en Google, una discoteca llamada Dark Reed SL, con base en las ciudades de Málaga, Marbella y Nueva Andalucía. Sólo aclaro que no tengo ningúna relación con esta empresa, que el nombre que he elegido para mi blog es una combinación de mi sentimiento de pertenencia al género o movimiento dark, y el caso de abducciónes alien de un hombre llamado Jhonnatan Reed, que luego se descubrió como un caso de fraude. Tampoco tengo relación con otras empresas o productos, ya que no lucro con mi nombre (sn embargo, se aceptan propuestas de editoriales) :D El argentino: Una pronunciación aguda para personas obtusas. Hoy sentí de nuevo una sensación muerta hace mucho, que no pensaba que reviviera en mí. Un burbujear en el pecho, un borbotón de sentimientos cálidos, un amor profundísimo por la humanidad en general. El deseo de ser un ente sobrenatural, el de poder curar, el deseo de anestesiar, de hacer olvidar el dolor, de dar amor de todas las formas imaginables, de dar tranquilidad y felicidad. El deseo de curar a las personas que sufren, que pierden diariamente, de reconfortar a quienes se saben deshauciados, de interrumpir por un día, por unos minutos, el círculo de la vida. El deseo de permitir a todos alimentarse del sol, de la tierra, del amor. Como en la película Cocoon, el deseo de poder comunicarme con ráfagas de sentimiento puro, de "compartirme" íntimamente en una unión más profunda que la de la carne y el semen y la saliva y el sudor y todos los demás fluídos. Un momento Zen que se prolongue unos días, unas horas, unos minutos aunque sea. Sin embargo, sé que no lo haré. Sé que lo que deseo está fuera de mi alcanze, de que nadie puede hacerlo. El amor a la vida que siento no es sino mi pan de cada día, un pan del que no he comido, pero que sigo oliendo y tratando de ignorar. Y es que es doloroso que tus sentimientos se desvanezcan al contacto con la realidad. Que el fuego del amor se apague, que no queden sino los rescoldos y las cenizas, que tengas que tragarte la fantasía del bienestar. Es mi lado de escritor el que me dice que la vida no es así. Que mis fantasías de deidad benigna no son sino la imaginación que vaga por mi mente, el eco de cientos de películas, de noches de ver el sufrimiento en los noticieros de último minuto. Mi lado cínico, mi lado Dark, despierta entonces. Ya he dicho que no soy el tipo de dark que cree en el diablo, aquél que reza de su biblia negra por las noches, el que sacrifica animales, el que se viste de negro, se tatúa y se maquilla. Soy un dark por dentro, aquél que sabe que el amanecer que vé sólo traerá otra larga noche. Aquél que debido a su conocimiento de la gente, del alma de las personas, de las leyes de la vida, sabe que su felicidad no durará, que las luces del día borrarán sus sueños, que las ilusiones se desvanecerán tarde o temprano, y sólo quedará la maldita luz que lo ilumina todo, que lo despoja de su romanticismo, de la duda, de la posibilidad de que lo que ve sea algo diferente. Creo en la gente, en que trata de hacer lo posible por su bienestar, en las buenas intenciones. Sin embargo, también soy capaz de ver, como leí en uno de los cuentos de Perro de Luz, de Gerardo Sifuentes, que "es increíble la cantidad de maldad que la gente guarda en su corazón con tal de alcanzar la felicidad". La gente hará lo que sea por ser feliz, y es entonces que su alma, esa vela de la noche, lanza una luz que oscurece más cuanto más cerca esté de otras luces. El escribir no pondrá la comida en mi mesa. Tendré que trabajar como todos para seguir existiendo. La creatividad de mi alma se verá enfocada hacia nuevas formas de satisfacer mis necesidades, de ganar más dinero, de mantener unida a una familia, de perder mi individualidad para mantener girando los engranes de un sistema del que nadie puede sustraerse. Y aunque no pueda vivir de escribir, seguiré haciendolo, no como trabajo, sino como una forma de compartir mi amor a la humanidad, de comunicar sentimientos puros, de curar a las personas que sufren, que pierden diariamente, de reconfortar a quienes se saben deshauciados, de interrumpir por un día, por unos minutos, el círculo de la vida... Hoy, al llegar a mi casa, me encontré en la puerta al vecino, hablando con unos Testigos de Jeovah. No sé qué me impulsó a hablarles, a decirles que Dios, si existe, es uno, que no hay más que uno, con diferentes nombres, que si no ha muerto no se ocupa ya de nosotros, que sus creaciones hablan por él, pero que ninguna de ellas expresa sus veraderas palabras. Que la biblia, el corán, el libro del tao, son sólo letras y palabras escritas por aquellos que hablan en nombre de Dios, que no saben lo que Dios piensa o quiere, que sólo se han dedicado (en el mejor de los casos) a escribir un libro con buena voluntad, tratando de ayudar a la gente a vivir mejor. Que los profetas escriben y dictan las filosofías que ellos consideran mejores para su pueblo, que los líderes religiosos han olvidado o vendido la religión para consagrarse a sus Iglesias, al culto vacío donde han encerrado la idea de un ser superior. Que desde las palabras de Jesús, de Bhudda, de Mahoma, de Zaratustra, ha pasado mucho tiempo, y que sus palabras han sido manipuladas por cientos de personas, que tal vez ya no son las mismas, o que simplemente sus bases principales ya no sirven para los tiempos en que vivimos, tiempos donde no importa el prójimo sino el dinero, donde los medios te venden mujeres como si fueran fruta de temporada, de las que conservamos la cáscara y tiramos el relleno, como flores que hay que reemplazar si se marchitan. No sé que superior fuerza me llevó a contarles de los hermosos amaneceres, de las cálidas noches que vivo en brazos de una dama a la que no he desposado, a la que amo más que a mi vida, pero que no está legitimada por ningún papel o consagrada en otro altar que el del amor que nos tenemos. De las deliciosas noches de ebriedad y hartazgo que he pasado acompañado de los amigos, de las mujeres que me han dejado nada más que un beso y el recuerdo de sus sonrisas, de las mujercitas, biológicas o artificiales, que se desnudan y se abrazan en todo el mundo, amándose tanto como hombre y mujer. No sé si fué la fuerza de mi conciencia, de mi hartazgo ante esa sociedad, de la vida que bulle en mí, del amor a la naturaleza, a la pureza de las cosas inocentes, que suceden sin darse cuenta o sin importarles lo que se diga de ellas. O si fue mi lado oscuro, que ama la lascivia, los placeres, la ternura perversa y hermosa que encierran las sonrisas. No sé qué me impulsó a hablarles. Pero no lo hice. Entré a casa, pensando en esa calidad dual de la esperanza, que puede ser la mayor bendición o maldición del ser humano, eso que les dice a los religiosos, a los que fervientemente creen en lo que hacen, que es lo correcto. Valdrá la pena creerlo? La idea de ser Dark de corazón no es vestirse con ropa negra (aunque es un color bonito), ni pronunciar frases pseudo-intelectuales. Ser dark es amar la vida, al contrario de lo que muchos piensan no somos suicidas. Tampoco despreciamos al Hombre. Susanita, de Mafalda, dijo una vez "Yo amo a la humanidad, lo que me revienta es la gente". Y así es. El Hombre (como especie, que también a la Mujer se le quiere), es el mas maravilloso de los animales. Sin embargo, toda característica favorable que pueda tener como individuo queda opacada automáticamente por lo que hace cuando está en grupos. Andando desnudo en soledad, al estar en presencia de otros se cubre, y si no le es posible, se incomoda. Cuando está solo, no tiene que compartir. Cuando está en grupos, no quiere compartir, y llega incluso a arrebatar a otros lo que desea para sí. Si la maldad del hombre existe en su corazón, la luz de otros ojos la vuelve notoria. La escribí al día siguiente de un cumpleaños, durante una clase aburrida: “Los adictos a la memora son fantasmas que se alimentan, que se nutren del tiempo, espectros ausentes de la realiad, son bestias que matan y esperan a que la carne se pudra para devorarla” (Dark Reed, 17 de febrero de 2005) No hay crueldad en la naturaleza Sólo una implacable eficiencia. Las primeras batallas fueron mas bien emboscadas. Entonces nadie sabía que se estaba librando una guerra, sólo notaban que las personas de repente desaparecían. Eran, mas que nada, ataques a los barcos que salían de Fort Lauderdale, Florida, o desapariciones de pesqueros que se aventuraban mas allá de las zonas seguras de los mares de Puerto Rico. Sin embargo, una vez que los humanos fueron pesados, medidos y juzgados, los ataques comenzaron a mayor escala. Los muertos o desaparecidos aumentaron, las naves se perdían, y el misterio aumentaba. La explicación llegó cuando ya nada podía hacer.se El dispositivo submarino Ictis Oceanica, un batiscafo estadounidense diseñado para tomar imágenes profundas de las negras aguas al sur de las islas Bermudas, fue el primero en captar a uno de ellos. Los marinos analizarían la cinta una y otra vez, luego de sacar del agua los trozos amarillos del sumergible. En ella se veía a una creatura alargada, cubierta de un caparazón córneo, rugoso, orgánico, que estaba a su vez contenido parcialmente en una armadura mecánica. Por aquella época Jorge tenía veintitrés años, estaba enamorado y quería casarse con Andrea, su novia de la preparatoria. Ya habían hablado de eso, y planeaban su futuro en la capital del país, ella diseñadora de modas, él publicista. Sin embargo, sus proyectos debieron de esperar, cuando los Acuáticos salieron de las costas un diciembre, enfundados en sus armaduras de potencia, en sus trajes electrónicos, en sus anfibios de guerra. Se intentó de todo. Diálogos, balas, bombardeos desde el aire y armas tóxicas. Miles de los suyos caían, pero siempre tenían la ventaja de los números. Si uno de ellos moría, del agua salían dos para reemplazarlo, y antes de morir hacía detonar su armadura y disparaba todas las balas posibles, provocando decenas de bajas humanas. Las playas dejaron de ser seguras en marzo, pues todas ellas eran usadas como líneas de frente. La humanidad civil se refugió en las montañas. Andrea y Jorge pasaron a formar parte de un grupo de refugiados en la cordillera de los montes Himalayas, llevandose lo poco que podían. La vida era dura, los yaks inmanejables, pero se adaptaban lo mejor que podían. En el interior de las casas, contruídas con madera donada por el gobierno chino a la ONU, su amor se fortaleció. Hacia el octavo mes descubrieron que ella estaba embarazada. La idea general de establecer los campamentos de refugiados en los Himalayas era que, con criaturas cuya vida basada en el agua, el frío sería una defensa adicional. Sin embargo, era un arma de dos filos. El campamento contaba al inicio con cinco mil personas (al igual que los otros cuarenta campamentos establecidos en sitios estratégicos alrededor del globo), entre médicos, ingenieros civiles y personal militar. Al pasar un año quedaban menos de la mitad. Algunos perecieron por congelamiento, neumonías, caídas de los altos picos. Otros, solo desaparecieron. Cuando el embarazo de Andrea comenzaba a notarse, al quinto o sexto mes, llegaron noticias. Las fuerzas humanas estaban siendo aniquiladas, ya no habría mas suministros de provisiones, y corrían rumores de que los civiles refugiados serían reclutados obligatoriamente para ayudar a proteger las pocas plazas humanas que quedaban. Esa noche, Andrea y Jorge robaron un arma, dos yaks y un maletín médico, bajaron la ladera del peligroso K2 y huyeron al este por los fértiles valles hacia territorio chino. El terreno cambió pronto, de los valles donde aún florecía el arroz y el miso a una fronda perpetua de bambú. La mayor preocupación eran los tigres (habían matado a dos en una semana, y los comieron mientras duraron frescos) y la falta de agua potable. Por donde pasaban las aldeas y ciudades habían sido ya arrasadas. Durante un tiempo vivieron ocultos en las ruinas de los edificios de la vieja capital de Sichuan, Chengdu, subsistiendo de la comida abandonada en las tiendas, en los refugios antibombas, en los búnkers del ejército y, cuando todo eso se acabó, de las ratas y lagartijas. Durante ese tiempo vivieron sintonizados al mundo con un viejo radio de baterías, un viejo teléfono satelital y la radio de onda corta. Sin embargo, los lejanos murmullos que llegaban del espacio anunciaban los avances de las tropas de los Acuáticos, y su invento mas novedoso: un rastreador de humanos. Allí donde llegaban, encendían el aparato y sabían donde estaban. La noticia la traía un americano que había evitado del radio de acción del aparato por un par de metros. Fue el único sobreviviente. Todas las noches Andrea y Jorge se tendían en la hierba que rodeaba las ruinas del Monasterio Wenshu, encendían la radio y el teléfono satelital y se comunicaban con los pocos sobrevivientes humanos del mundo. Cuando nació su hijo, el mundo entero lo supo, y decidieron ponerle un nombre. Alexander. Con el paso de las semanas, más y más Acuáticos salieron de las profundidades del Triángulo de las Bermudas, decididos a erradicar a la plaga humana. Los Budas rotos de Wenshu nos daban cierta protección, y los cientos de edificios (ahora llenos de basura, por el paso de miles de refugiados) estaban llenos de basura, de sangre, de cadáveres, de ratas, zorros e insectos. Con el tiempo las transmisiones se fueron apagando, cada vez menos gente en la línea, y (suponían) en el mundo. Lo lamentaron mucho, pero no había nada que pudieran hacer. Proseguían su vida de siempre, Jorge incluso había cavando un canal que llevaba agua desde una tubería rota a una fuente del templo, y Andrea había empezado a criar ratas para tener "comida limpia". Era de noche cuando los Acuáticos llegaron, y Jorge, Andrea y Alexander dormían. Jorge alcanzó a percibir un zumbido eléctrico, y vió el rayo naranja que le apuntaba. El rayo hendió el aire dos veces más, y entonces sólo quedaron sobre la Tierra los crustáceos, enfundados en sus armaduras brillantes, proclamando la gloria del Imperio Sub-Acuático. Poco a poco, las cucarachas fueron desapareciendo de la habitación donde los tres últimos cadáveres humanos sen enfriaban, para dejar el terreno libre a la nueva especie dominante en la Tierra. |
|||
|
|
Archivos
|
||