Dark Reed |
Pienso demasiado. Necesito televisión... |
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Poder: Capacidad de modificar la realidad a voluntad "Un pollo para cada olla"... y un hoyo para cada polla... Hoy tengo un pensamiento, sólo uno, pero en lugar de dárselos, hoy prefiero describir cómo llegué a él. Tranquilos, será la primera y última vez. Entonces volví a la realidad, y me dije "Qué fácil es comulgar con la naturaleza cuando no tiene uno que preocuparse por las necesidades básicas". Y era cierto, porque mi trabajo me da para vivir de una manera frugal pero relajada. No tengo más de lo que necesito por ahora. Pero sería perfecto poder ayudar a la gente, poder hacer crecer el alimento para el hambriento cuando sea que lo necesite, enseñar al mundo a vivr de una forma más natural. Y lo principal para eso es el alimento. Pensé que se puede lograr sin usar magia, modificando los patrones de crecimiento de las plantas modificando su ADN: Pero eso requerirá de una cantidad enorme de nutrientes y energía, los cuáles la planta absorbería a velocidades acordes a su nuevo ritmo de creciminento, sorbiendo calor y nutrientes en una reacción endotérmica que nos proveería de vegetales y frutas... pero ¿Dónde está la carne?. Voltee a ver mi comida, y a una mosca cercana. Luchaba por llevarse las migajas y ls gotas del azucarado jugo de naranja que yo dejaba caer. ¡Qué curioso! ¡La mosca y yo comíamos lo mismo!. Para la mosca, un trozo de excremento no era más que el equivalente al trozo de carne que yo comía, nutrientes disponibles. Un animal no pondrá nunca miramientos sobre de dónde viene la comida. La cazará, o la encontrará ya muerta, y se nutrirá. A su vez, será comido por otro, por una mosca, cucaracha, un microbio o un buitre, por un león, un ave, un perro. ¿Y nosotros? Nosotros nos incineramos o enterramos para que otros animales no nos coman. ¿Por qué? Porque queremos creer que somos diferentes de los otros animales. Porque nuestra forma de pensar dice que es una falta de respeto que se nos olvide, que se nos deje tirados donde otros animales puedan devorar nuestra carne y nuestros huesos, porque después sólo quedará de nosotros un efímero recuerdo de lo que éramos, de nuestra personalidad, de nuestra fuerza. Por eso el canibalismo ritual existe: para que los nuestros nos lleven dentro de sí, para que no se pierda lo que éramos. Sin embargo, deberíamos ser comidos, deberíamos servir de sustento a otros animales. Murieron, y comimos. Murámos para que coman. No nos escondamos bajo la tierra, no nos incineren. Es un deber de todo ser vivo servir de alimento a otros. Es un deber moral del hombre ser comido por los animales. Nos encierran y nos llaman locos, y nos señalan por la calle. Se ríen de nuestra forma de hablar, de nuestros modos de caminar, de aquellos amigos que se fueron o nunca existieron, de quienes no podemos despedirnos, de las voces en nuestras cabezas que nos dicen qué hacer. Olvidan que ellos pierden sus vidas haciendo lo que no desean hacer, que hablan con gente que existe de cosas que no existen, que caminan todos iguales, que venden sus vidas por pedazos de papel y de metal, que ellos tienen voces en sus trabajos que les dicen que hacer. Acá sigo, no me he muerto (lástima), sigo vivo (quién sabe por cuanto), y medianamente felíz (por eso ya no escribo). La vida me absorbe. Soy voluntario en una página, y como co-administrador, editor, traductor, moderador, semi-programador, creativo y un largo etcétera, me consume mucho tiempo. La vida me absorbe. Me absorbe la vida. Deliciosas permutaciones que resultan tan divertidas, tan útiles, tan declarativas. Tan ciertas. Gracias a ellas he logrado algunos de mis mejores pensamientos, o frases, o una iluminación mental que me hace reírme de la gente común,ciega, absorbida su vida por el mundo que la rodea. Y es que lo raro es tener un minuto para estar realmente sólo, dormir bajo un techo endeble, mientras alrededor de tu cama improvisada, o camastro, o el humilde suelo, los rayos de una tormenta eléctrica suenan como pasos de gigante sobre tu cabeza. Anoche tuve una experiencia similar. Un rayo destruyó un aparato que suministra electricidad a mi casa, y durante dos horas no tuve nada más que hacer que oír la tempestad rugir sobre el porche de mi casa, maravillarme de la lluvia, observar el fuego azul de los relámpagos, y en varias ocasiones asustarme con los rayos que caían a treinta o cuarenta metros, en un pararrayos cercano. El sueño me venció entonces, trayendo una bella inconsciencia, acunada por las vibraciones de las descargas cercanas, arrullado por el murmullo suave y fresco de la lluvia en las baldosas del patio. Así es como he venido a darme cuenta de lo que pierdo cuando mi "vida" me absorbe la vida. De niño, en la escuela todos me traían de su puerquito. Por eso crecí hasta convertirme en un verdadero cerdo He encontrado, buscando en Google, una discoteca llamada Dark Reed SL, con base en las ciudades de Málaga, Marbella y Nueva Andalucía. Sólo aclaro que no tengo ningúna relación con esta empresa, que el nombre que he elegido para mi blog es una combinación de mi sentimiento de pertenencia al género o movimiento dark, y el caso de abducciónes alien de un hombre llamado Jhonnatan Reed, que luego se descubrió como un caso de fraude. Tampoco tengo relación con otras empresas o productos, ya que no lucro con mi nombre (sn embargo, se aceptan propuestas de editoriales) :D El argentino: Una pronunciación aguda para personas obtusas. Hoy sentí de nuevo una sensación muerta hace mucho, que no pensaba que reviviera en mí. Un burbujear en el pecho, un borbotón de sentimientos cálidos, un amor profundísimo por la humanidad en general. El deseo de ser un ente sobrenatural, el de poder curar, el deseo de anestesiar, de hacer olvidar el dolor, de dar amor de todas las formas imaginables, de dar tranquilidad y felicidad. El deseo de curar a las personas que sufren, que pierden diariamente, de reconfortar a quienes se saben deshauciados, de interrumpir por un día, por unos minutos, el círculo de la vida. El deseo de permitir a todos alimentarse del sol, de la tierra, del amor. Como en la película Cocoon, el deseo de poder comunicarme con ráfagas de sentimiento puro, de "compartirme" íntimamente en una unión más profunda que la de la carne y el semen y la saliva y el sudor y todos los demás fluídos. Un momento Zen que se prolongue unos días, unas horas, unos minutos aunque sea. Sin embargo, sé que no lo haré. Sé que lo que deseo está fuera de mi alcanze, de que nadie puede hacerlo. El amor a la vida que siento no es sino mi pan de cada día, un pan del que no he comido, pero que sigo oliendo y tratando de ignorar. Y es que es doloroso que tus sentimientos se desvanezcan al contacto con la realidad. Que el fuego del amor se apague, que no queden sino los rescoldos y las cenizas, que tengas que tragarte la fantasía del bienestar. Es mi lado de escritor el que me dice que la vida no es así. Que mis fantasías de deidad benigna no son sino la imaginación que vaga por mi mente, el eco de cientos de películas, de noches de ver el sufrimiento en los noticieros de último minuto. Mi lado cínico, mi lado Dark, despierta entonces. Ya he dicho que no soy el tipo de dark que cree en el diablo, aquél que reza de su biblia negra por las noches, el que sacrifica animales, el que se viste de negro, se tatúa y se maquilla. Soy un dark por dentro, aquél que sabe que el amanecer que vé sólo traerá otra larga noche. Aquél que debido a su conocimiento de la gente, del alma de las personas, de las leyes de la vida, sabe que su felicidad no durará, que las luces del día borrarán sus sueños, que las ilusiones se desvanecerán tarde o temprano, y sólo quedará la maldita luz que lo ilumina todo, que lo despoja de su romanticismo, de la duda, de la posibilidad de que lo que ve sea algo diferente. Creo en la gente, en que trata de hacer lo posible por su bienestar, en las buenas intenciones. Sin embargo, también soy capaz de ver, como leí en uno de los cuentos de Perro de Luz, de Gerardo Sifuentes, que "es increíble la cantidad de maldad que la gente guarda en su corazón con tal de alcanzar la felicidad". La gente hará lo que sea por ser feliz, y es entonces que su alma, esa vela de la noche, lanza una luz que oscurece más cuanto más cerca esté de otras luces. El escribir no pondrá la comida en mi mesa. Tendré que trabajar como todos para seguir existiendo. La creatividad de mi alma se verá enfocada hacia nuevas formas de satisfacer mis necesidades, de ganar más dinero, de mantener unida a una familia, de perder mi individualidad para mantener girando los engranes de un sistema del que nadie puede sustraerse. Y aunque no pueda vivir de escribir, seguiré haciendolo, no como trabajo, sino como una forma de compartir mi amor a la humanidad, de comunicar sentimientos puros, de curar a las personas que sufren, que pierden diariamente, de reconfortar a quienes se saben deshauciados, de interrumpir por un día, por unos minutos, el círculo de la vida... Hoy, al llegar a mi casa, me encontré en la puerta al vecino, hablando con unos Testigos de Jeovah. No sé qué me impulsó a hablarles, a decirles que Dios, si existe, es uno, que no hay más que uno, con diferentes nombres, que si no ha muerto no se ocupa ya de nosotros, que sus creaciones hablan por él, pero que ninguna de ellas expresa sus veraderas palabras. Que la biblia, el corán, el libro del tao, son sólo letras y palabras escritas por aquellos que hablan en nombre de Dios, que no saben lo que Dios piensa o quiere, que sólo se han dedicado (en el mejor de los casos) a escribir un libro con buena voluntad, tratando de ayudar a la gente a vivir mejor. Que los profetas escriben y dictan las filosofías que ellos consideran mejores para su pueblo, que los líderes religiosos han olvidado o vendido la religión para consagrarse a sus Iglesias, al culto vacío donde han encerrado la idea de un ser superior. Que desde las palabras de Jesús, de Bhudda, de Mahoma, de Zaratustra, ha pasado mucho tiempo, y que sus palabras han sido manipuladas por cientos de personas, que tal vez ya no son las mismas, o que simplemente sus bases principales ya no sirven para los tiempos en que vivimos, tiempos donde no importa el prójimo sino el dinero, donde los medios te venden mujeres como si fueran fruta de temporada, de las que conservamos la cáscara y tiramos el relleno, como flores que hay que reemplazar si se marchitan. No sé que superior fuerza me llevó a contarles de los hermosos amaneceres, de las cálidas noches que vivo en brazos de una dama a la que no he desposado, a la que amo más que a mi vida, pero que no está legitimada por ningún papel o consagrada en otro altar que el del amor que nos tenemos. De las deliciosas noches de ebriedad y hartazgo que he pasado acompañado de los amigos, de las mujeres que me han dejado nada más que un beso y el recuerdo de sus sonrisas, de las mujercitas, biológicas o artificiales, que se desnudan y se abrazan en todo el mundo, amándose tanto como hombre y mujer. No sé si fué la fuerza de mi conciencia, de mi hartazgo ante esa sociedad, de la vida que bulle en mí, del amor a la naturaleza, a la pureza de las cosas inocentes, que suceden sin darse cuenta o sin importarles lo que se diga de ellas. O si fue mi lado oscuro, que ama la lascivia, los placeres, la ternura perversa y hermosa que encierran las sonrisas. No sé qué me impulsó a hablarles. Pero no lo hice. Entré a casa, pensando en esa calidad dual de la esperanza, que puede ser la mayor bendición o maldición del ser humano, eso que les dice a los religiosos, a los que fervientemente creen en lo que hacen, que es lo correcto. Valdrá la pena creerlo? |
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